Felipe: sin remedio.

1 comentario:

Lucas dijo...

En una de las últimas clases de religión de este curso 2009, leímos un texto del historiador, filósofo y escritor Agustí Altisent. En este texto se nos habla del valor eterno del tiempo en la eternidad del ser humano.

Al principio, Altisent nos cuenta sus primeros años de su novicio. Este nos explica que desde que entró, según entiendo al monasterio de Poblet, todos los sábados se dedicaba a las labores de limpieza. A partir de este tema, nos explica un aspecto importante de la vida de las personas: el tiempo. Según él, con el paso del tiempo, el acto de barrer se le convirtió en algo desagradable, dado que había muchas más cosas en las que se tenía que ocupar, como los estudios eclesiásticos y las clases que él tenía que dar. Este acto, al convertirse en algo desagradable, automáticamente se volvía, dice él, en algo que se quería quitar de encima rápidamente. Altisent gracias a la lectura descubrió que en ese acto estaba equivocado. Nos explica que hay que disfrutar cada momento como si fuera único y nos cita una frase de San Agustín: “haz lo que haces”.

En esto estoy completamente de acuerdo con lo que nos dice Altisent. Vivimos en una sociedad que esta en continuo cambio, y eso afecta negativamente a las personas. Ahora las personas viven, por decirlo de alguna manera, muy aceleradas. Esto es debido a que en este siglo XXI todo se basa en comodidades. Me refiero a que, por ejemplo, una persona esté apurada por salir a tiempo del despacho porque tiene que ir a buscar a su hijo al colegio y llevarlo rápido a su casa para poder llegar a tiempo a la clase de Spinning en el gimnasio, o realizar tareas de una manera acelerada para “sacárselas de encima” con el fin de ofrecerse enteramente a otra, según él, más importante y gratificante. Esto nos pasa a todos, no digo que no, pero es una cosa que debemos evitar de manera contundente. Es preciso que las acciones a realizar en un futuro no intervengan en las que debemos realizar en ese mismo instante y no en otro. Según Chauchard “La anticipación es lo que mata”. Si dejamos que esta acción estorbe lo que tenemos que realizar en ese preciso momento, sucederán dos cosas: o bien que la hagamos rápido, y por tanto de mala manera, o bien que no la hagamos. Si nos damos cuenta, no nos beneficiamos a nosotros mismos si pasa esto. Por algo, desde bien pequeños, nos explican que tenemos que hacer las cosas “despacito y con buena letra(cosa que algunos aunque lo intenten, pero no consiguen.)”.
Por tanto, debemos hacer las cosas con cariño, atención y determinación, un aspecto muy importante, dado que son actos realizados por nosotros, no por algún otro, y eso nos tiene que causar, como mínimo, un poco de satisfacción. Un ejemplo podría ser el siguiente: una persona está en un gimnasio, porque quiere mantener bien su figura y quiere irse a su casa. Lo que hará será intentará terminar rápido lo que tiene que realizar, e irse. Pero, con el tiempo, se dará cuenta que es mucho tiempo perdido, dado que el fin por el cual se ha apuntado a un gimnasio no se ha cumplido, dado que esto implica estar el tiempo necesario trabajando y haciendo cada repetición como si fuera la única. Y ¿por qué tirar tiempo a la basura? Tiene una simple respuesta: comodidad, importancia subjetiva de las cosas y ahorro de tiempo.

Si, parece una contrariedad, ¿no? Intentando ganar tiempo en una acción para realizar una segunda, al mismo tiempo ese poco tiempo empleado a realizar la primera acción es algo perdido. Pero ¿por qué? ¿por qué es tiempo perdido? Esto tiene solo una explicación, y es algo matemática y un tanto cuadrada: al hacer mal una cosa, la tendremos que volver a repetir. Por ejemplo: una persona que limpia su habitación, si pasa el paño rápidamente el paño sobre su escritorio, lo limpiará mal, y se volverá a ensuciar antes. En cambio, si lo limpia bien, pasará más tiempo limpio, y lo tendrá que limpiar bastante tiempo después.

Por otra parte, es completamente necesario e importante que cada persona viva cada segundo de su propia vida. Pero esto tiene que salir de la propia persona, si somos inducidos a plantearnos la vida de esta manera, no vale, es como si nos una persona se copia los deberes, no aprendería nunca, dado que los deberes en el fondo tienen esa finalidad. Aunque la acción que realice no le guste o la odie, tiene que vivir como si cada segundo fuera único. Si paras un momento (y de paso aprovechas un tiempo que podrías perder realizando algo que no te guste) y te pones a pensar en esto, verás el gran trasfondo que hay: El tiempo nos pertenece “simplemente” porque Dios nos lo a dado. Esto no tiene vueltas. El tiempo lo tenemos que disfrutar como si cada segundo de nuestra vida dependiera de ello. Cabe recalcar un dicho: “para hacerlo mal, no lo hagas”. Este dicho es completamente falso, habría que cambiarlo de una manera radical: “para hacerlo mal, mejor hacerlo bien”.

Otro tema que cabe discutir es la supuesta “falta de tiempo” de las personas. Con esto me refiero a la gente que dice que le falta tiempo para realizar según que acto. Esto, como decíamos antes, viene dado por las nuevas comodidades creadas a partir de la investigación de dos aspectos comerciales que se engloban en dos palabras: imagen y sonido. Esa sensación de supuesta “falta de tiempo” que tienen las personas es porque cada vez hay más cosas que puede realizar en su vida, y más cosas donde gastar tiempo, el cual después nos faltará para realizar las realmente importantes. El hecho de que salga al mercado una nueva consola puede hacer que un chico implemente el tiempo que tiene para estudiar en jugar.

Para finalizar, se puede decir que el tiempo es oro, por tanto hay que disfrutarlo y no malgastarlo dejando cosas a medias. Ese tiempo nos lo da Dios, para que lo utilicemos en llegar a ser lo que realmente somos.

“Disfrutar del tiempo, es saber vivir cada instante, respirar lentamente y relajar la mirada. Disfrutar es saborear el fruto de lo que se tiene enfrente y poder compartirlo con una sonrisa, una palabra, una caricia, una lágrima, un suspiro, un silencio…” Anónimo.