En el tema anterior hicimos unas cuantas consideraciones acerca del tiempo de Dios, parece coherente detenernos a reflexionar acerca del espacio de Dios y el espacio de los hijos de Dios. A vuela pluma enumero unos cuantos temas a desarrollar:
1. Yhwh no habita ni en montañas, ni en palacios, ni templos. ¿Quién puede albergar al Creador de todo albergue?. Sin embargo, a Moisés se le manifiesta en un lugar concreto, en una zarza ardiendo. El hombre, criatura espacio temporal, necesita esa concreción.
2. Dios preside la marcha de su pueblo manifestando su presencia en una nube. Manda construir la Tienda del encuentro, y es especialmente celoso de los detalles de construcción. La marcha del pueblo judío es emblema del peregrinaje del hombre hacia Dios, hacia Dios. "Tierra prometida", "atrios de su Templo",... son expresiones de espacios 'deslocalizados'.
3. David, asentado en su palacio, se avergüenza de tener a Dios en una tienda mientras él vive entre paredes. Dios consentirá que el hijo de David, Salomón, le levante un Templo... Es una forma de hacerse todavía más cercano, y también, como se verá en la destrucción del templo años más tarde, asumir el riesgo de la profanación sacrílelga y el insulto. Si Dios se acerca al hombre que le ama, también se acerca al hombre que le odia.
4. La Encarnación supone que Cristo es el Templo. "Destruid este templo y lo levantaré en tres días". La visita al Templo de Jerusalén, orgullo nacional del pueblo judío, está 'casi' vacio de Dios.
5. Cuando muere Jesús en la cruz se resquebraja el velo del Templo. Dios deja de habitar, de tener presencia: Cristo ha muerto. Dios se hizo cercano, habitó entre nosotros, y nosotros lo rechazamos. Dios no rechaza, el hombre sí.
6. Con la Resurrección, Cristo se hace presente en el corazón de cada uno de los hijos de Dios. Nuestro corazón, nuestro espacio interior, es un sagrario donde habita la divinidad. Templos del Espíritu Santo, dice San Pablo. Lugar de encuentro inmediato con Dios. "Somos el templo del Dios vivo" [2Co 6,16]
7. Nuestro corazón debe ser Betania, no el palacio de Herodes, ni el Templo de los fariseos. Que Dios se encuentre cómodo, que no tengamos muchos cachibaches, que sea Él nuestra única riqueza.
8. Pobreza de Espíritu: no tener nada como propio, no tener nada superfluo, no quejarse cuando falta lo necesario. No se puede albergar en el corazón a Dios y a las riquezas. Es preciso utilizar de nuestras riquezas como si fuesen prestadas, y buscando siempre el bien.
9. El joven rico pensaba contentar su corazón con el cumplimiento de una serie de normas, pero amar -dejar espacio en nuestro corazón a Dios- no es el mero 'cumplimiento' formal de un conjunto de normas, es sabernos 'propiedad de Dios', y por ello, señores del Universo.
10. Limpiar el corazón, ponerlo en orden, es precisamente lo que Dios nos ha ganado con su muerte en la cruz. Los sacramentos elongan el "Quiero, sé limpio" que Jesús le dice al leproso cuando éste le pide quedar limpio de su lepra.
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