La primera impresión que tienes al ver este vídeo es de extrañeza. Te desconcierta. Te preguntas que es lo que está haciendo un hombre delante de la cámara contando cómo cortar un pollo. ¿Cómo va uno a santificar el hecho de servir un pollo? Pero la segunda vez analizas todo lo que dice y lo que hace y te das cuenta de lo grande que es este carnicero.
Es un hombre sencillo, lleno de humanidad. Eso es fundamental para reconocer a Cristo y por ello él lo reconoce: por ello santifica su trabajo, por pequeño que sea.
¿Pero se puede santificar el trabajo cortando un pollo? ¿Se puede santificarlo haciendo los deberes? ¿Ayudando a tu hermano a hacerlos o a poner la mesa? Esto realmente lo vives cuando ves que te construye a ti mismo. Seguramente te veras más realizado habiendo hecho una hora de estudio que haber estado jugando al ordenador o mirando la televisión.
Por todos estos motivos y más pueden ser el porqué de la santificación del trabajo de este carnicero.
En un testimonio que una monja de Madrid nos dio en unos campamentos de verano a unos cuantos chavales dijo la siguiente frase: “Haciendo cosas pequeñas se puede llegar a hacer de grandes”. Al principio no te puede decir nada… pero en el fondo es lo que ocurre en el carnicero y lo que te puede ocurrir a ti.
En contraposición puede ocurrir que esto no lo veas, que no veas claro que esta hora de estudio que hagas o “cortar pollos” no es nada comparado con lo que los grandes mártires hacían: sacrificar su vida, darla a Cristo. Pues todo al contrario: cuando le das la mano al que tienes al lado, cuando estudias siendo consciente de lo que estás haciendo, cambia todo el significado de ello. Somos pequeños santos.
2 comentarios:
La primera impresión que tienes al ver este vídeo es de extrañeza. Te desconcierta. Te preguntas que es lo que está haciendo un hombre delante de la cámara contando cómo cortar un pollo. ¿Cómo va uno a santificar el hecho de servir un pollo? Pero la segunda vez analizas todo lo que dice y lo que hace y te das cuenta de lo grande que es este carnicero.
Es un hombre sencillo, lleno de humanidad. Eso es fundamental para reconocer a Cristo y por ello él lo reconoce: por ello santifica su trabajo, por pequeño que sea.
¿Pero se puede santificar el trabajo cortando un pollo? ¿Se puede santificarlo haciendo los deberes? ¿Ayudando a tu hermano a hacerlos o a poner la mesa? Esto realmente lo vives cuando ves que te construye a ti mismo. Seguramente te veras más realizado habiendo hecho una hora de estudio que haber estado jugando al ordenador o mirando la televisión.
Por todos estos motivos y más pueden ser el porqué de la santificación del trabajo de este carnicero.
En un testimonio que una monja de Madrid nos dio en unos campamentos de verano a unos cuantos chavales dijo la siguiente frase: “Haciendo cosas pequeñas se puede llegar a hacer de grandes”. Al principio no te puede decir nada… pero en el fondo es lo que ocurre en el carnicero y lo que te puede ocurrir a ti.
En contraposición puede ocurrir que esto no lo veas, que no veas claro que esta hora de estudio que hagas o “cortar pollos” no es nada comparado con lo que los grandes mártires hacían: sacrificar su vida, darla a Cristo. Pues todo al contrario: cuando le das la mano al que tienes al lado, cuando estudias siendo consciente de lo que estás haciendo, cambia todo el significado de ello. Somos pequeños santos.
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