Supongo que el título elegido para este artículo puede resultar extraño para algunos lectores. La pitonisa de Endor es un personaje bíblico, que aparece en el capítulo 28 del Primer Libro de Samuel. La historia bíblica narra que el rey Saúl, aterrado ante la inminencia del ataque del ejército filisteo, y no sabiendo qué hacer, recurrió furtivamente a consultar a una adivina, la pitonisa de Endor, a pesar de que, anteriormente, él mismo había ordenado expulsar del país a todos los nigromantes y videntes. La desconfianza, y aquel silencio de Dios que le resultaba insufrible, hicieron que el rey Saúl cayera en la tentación de acudir al método de adivinación que él mismo había reprobado para sus súbditos. Es un pasaje bíblico de un gran dramatismo que, acaso, tiene más actualidad de la que cabe suponer (1Samuel 28).
De horóscopos, tarots y mediums
No estamos ante un hecho menor... Baste comprobar que muchos medios de comunicación, ante la disminución de la publicidad comercial, están recurriendo al negocio esotérico para salvar sus maltrechos balances. A diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos de la economía, los momentos de crisis son la ocasión propicia para que algunos hagan fortuna, explotando los miedos, supersticiones, angustias y ansiedades de los que sufren.
He aquí uno de los contrastes más llamativos de esta cultura occidental, que tanto alardea de no aceptar más dogma que las ciencias experimentales. Estamos ante uno de esos fenómenos inconfesables, que tienen mayor incidencia que la que estamos dispuestos a declarar en público. La ideología laicista y positivista se siente incómoda a la hora de reconocer esta paradoja: vivimos en una sociedad materialista, que hace alarde de su increencia, pero que, sin embargo, termina construyendo su peculiar "espiritualidad" a base de recetas esotéricas.
El esoterismo y el ateísmo son dos cosmovisiones con muchos vasos comunicantes. En el fondo y en la práctica, la superstición es tan contraria a la fe, como lo es el ateísmo. Queda patente que la "credulidad" y la "increencia", lejos de ser dos fenómenos opuestos e incompatibles, son dos ramas de un mismo tronco: la desconfianza en Dios.
El hombre moderno recurre al intento de adivinación del futuro, para liberarse de sus incertidumbres y aplacar sus miedos. Estamos ante una nueva edición del mismo pecado de desconfianza de Saúl. El auténtico antídoto contra esta tentación lo hemos recibido de Jesucristo: "La actitud cristiana justa consiste en entregarse con confianza en las manos de la providencia en lo que se refiere al futuro y en abandonar toda curiosidad malsana al respecto" (Catecismo de la Iglesia Católica 2115).
El consejo que la tradición cristiana atribuye a San Ignacio es muy significativo: "Haz las cosas como si sólo dependiesen de ti, y luego espera y confía como si sólo dependiesen de Dios".
De rumores, filtraciones y cotilleos...
Aunque se trata de un "género inferior", los rumores, filtraciones y cotilleos pertenecen a la misma especie del esoterismo; o, cuando menos, son "parientes". Se trata de una tentación que está bien reflejada en el refrán que dice: "La información es poder". Es indudable que existe en nosotros una atracción morbosa hacia las "informaciones privilegiadas" o las noticias "en exclusiva". Los motivos pueden ser diversos: desde el deseo de protagonismo, hasta el ansia de curiosidad o el intento de superar las incertidumbres. Lo cierto es que ese afán desmedido de novedades, genera fácilmente una dinámica que nos aboca a multitud de "cotilleos", "vaticinios", "rumores", "filtraciones", "suposiciones"...
Sin embargo, no es verdad que el acceso a determinados "secretos" nos preserve del riesgo de cometer errores. Muchas veces sucede lo contrario: cuanto más dispersos y ávidos de novedades estamos, más descentrados y alejados vivimos de nuestra propia realidad y del momento presente.
La conclusión que extraemos es clara: La fidelidad a la verdad exige la renuncia a la pretensión de conocer y controlarlo todo. En esta cultura tan marcada por la ansiedad, me atrevería a destacar la importancia de los siguientes rasgos de madurez: Callar sobre lo que no se sabe; renunciar a curiosidades indiscretas que no son de nuestra competencia; no hablar de los ausentes, y si fuera necesario, hacerlo con discreción; renunciar a ejercer de profetas sin serlo; no preocuparse a destiempo; relativizar los problemas; practicar el "santo abandono"...
He aquí una oración inspirada en los escritos de San Pío de Pietrelcina, muy adecuada para todos aquellos que, como Saúl, estamos tentados -de una u otra forma- a acudir a la pitonisa de Endor: "Señor, el pasado lo arrojo a tu misericordia. El futuro lo confío a tu providencia. Y sólo me reservo el momento presente para vivirlo y ofrecértelo en intensidad de amor".
Mns. Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehucán
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3 comentarios:
Es algo demostrable, que en épocas de crisis hay gente que se aprovecha de los miedos y angustias de los demás que deciden tirarse a la piscina y confiar plenamente en todo lo esotérico. La gran pregunta es: ¿por qué la gente confía en todo lo relacionado con la superstición?
El hombre como ser creado siempre tiende a confiar en “el creador”. Así como San Pablo definía a los gentiles como aquellos que adoraban al “dios vientre”, por ignorancia, por falta de formación, hoy en día nos encontramos con gente semejante que confía en el “dios del tarot, de la superstición”.
Desde el punto de vista de un cristiano la creencia en todas estas supersticiones es algo tan grave como el simple ateísmo. Dice el Señor en el Libro de Jeremías 17:5-7: "Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta del Señor." "Bendito el varón que confía en el Señor, y cuya confianza es el Señor".
Es posible que encuentres a una persona creyente (con una fe más aparente que real) que confíe más en lo esotérico que en el propio Dios. ¿Por qué? La respuesta es sencilla. Por la falta de formación cristiana. Por un cristianismo de libro, que se enseñó y se dejó de entender. Esta incredulidad en Dios, es fruto del paganismo de cualquier sociedad. Ya los griegos confiaban en los oráculos.
Por otra parte, aquellos que no creen en nada (sólo en si mismos y en su placer como felicidad absoluta), la falta de formación no es la respuesta a su necesidad de confiar en las cartas del Tarot, por ejemplo. Yo creo que cada ser humano, cuando no le ha sido revelada la verdad absoluta, busca y persigue algunas luces que le guíen en su camino personal. Algunos, confían en la superstición; otros, positivistas, confían en la ciencia y la mayoría, aunque les cueste reconocerlo, confían en ambas cosas. Se produce una paradoja que consiste en sentirse orgullosos de la ciencia como forma para explicar todo y sin embargo, en los momentos de angustia, temor y miedo éstos mismos se cobijan en una serie de rituales supersticiosos.
¡Es una locura confiar en Dios...!, dicen. — ¿Y no es más locura confiar en sí mismo, o en los demás hombres? Surco punto 44.
Algunos llaman imprudencia y atrevimiento a la fe y a la confianza en Dios. Surco punto 43.
¿Por qué debemos confiar en otra persona como yo, que según tú, conoce el secreto a través de las cartas? ¿Cómo estás tan seguro de que estas personas conocen la verdad? ¿A través de las coincidencias que se producen entre lo que te suelen “revelar” (lo puramente lógico; lo más probable) y lo que se acaba produciendo a lo largo del tiempo?
Suficiente tenemos los hombres con nuestro día a día, como para ponernos a preocuparnos por lo que está por llegar.
“No andéis agobiados por el día de mañana, porque el mañana traerá su propia preocupación. Le basta a cada día su propia preocupación.” Mt 6, 34.
Pero en mi experiencia personal, por mucho que la gente confíe en el esoterismo, yo no he conseguido que nadie sea capaz de demostrarme o explicarme el origen de la veracidad de esos métodos. El hombre que reflexiona que es hijo amado de Dios, no pierde la tranquilidad, la paz y la alegría ni en los peores momentos (afirmación experimental).
Nunca te habías sentido más absolutamente libre que ahora, que tu libertad está tejida de amor y de desprendimiento, de seguridad y de inseguridad: porque nada fías de ti y todo de Dios. Surco punto 787.
Eso es lo que nunca falla. Tirarse al vacío confiando plenamente en Dios. Él te recogerá, siempre podrás contar con él. En el momento en que confías en Dios y no en las supersticiones, y en lo esotérico, descubrirás que la mejor forma de solucionar los problemas es dándote a los demás; no importándote tus cosas; no pensar en primera persona. Debemos eliminar de nuestro vocabulario la palabra “yo”. Si haces algo en tu bien, siempre deberás hacerlo como forma de llegar a más gente y de querer más a las personas.
Los problemas que antes te acogotaban —te parecían altísimas cordilleras— han desaparecido por completo, se han resuelto a lo divino, como cuando el Señor mandó a los vientos y a las aguas que se calmaran.
— ¡Y pensar que todavía dudabas! Surco punto 119.
En aquest text, el Mossèn Rodrigo Aguilar Martínez, bisbe de Tehucan explica els problemes i contradiccions que creen els horòscops i altres activitats paganes en una societat com la nostra actual. Per altra part, també parla de els conflictes que aporten els rumors,filtracions, etc.
Per una banda, cal destacar que aquest mossèn no només tracta aquests temes des del punt de vista religiós, sinó que també des del punt de vista moral i social. Encara que comença citant el que diuen les sagrades escriptures sobre l’esoterisme en el cas del rei Saúl, segueix explicant com afecten aquestes tipus d’activitats a la societat actual. En un entorn com el nostre, i més enmig d’una crisi com l’actual, la gent està neguitosa i busca informació sobre el seu futur i sobre la seva situació més endavant de qualsevol lloc. Els mèdiums i gent d’aquest tipus s’aprofiten d’aquesta situació enganyant a la gent i aprofitant-se de la seva situació. Això, lluny d’ajudar a la gent, que té problemes, els porta enganys i despeses innecessàries de temps i diners. És evident, tal com diu aquest bisbe de Tehucan, que una persona fidel a la religió catòlica, no té tants problemes d’aquest tipus, ja que si segueix la seva fe no pecarà d’això. O, almenys, ho tindrà un motiu més gran per no fer-ho.
Per altra banda, el Mossèn Rodrigo també tracta, com ja he dit abans, del tema dels rumors i les filtracions. Està clar que tot això no és bo per una persona. I també és veritat que de vegades pot resultar difícil no pecar de curiositat per les raons que siguin. Si és veritat, que jo penso que ho és, que no parlar de la gent quan no hi es, no parlar del que no es sap, no voler saber coses que no et pertoquen ... són representatius de la maduresa de una persona, cal dir que la nostra societat és massa immadura. Ja que, sentint-lo molt, molta gent peca d’aquests defectes.
A mode de conclusió, només dir que els problemes dels que parla aquest bisbe són molt actuals i vertaders avui dia. I jo penso que per una persona cristina pot resultar més fàcil entendre per que no s’han de dur a terme aquestes activitats i tindran algun motiu més per no fer-les.
Aquest text m'ha fet recordar un e-mail que vaig rebre fa temps, es tractava d'un powerpoint, i explicava uns criteris a seguir a l'hora de sentir parlar d'algú. La presentació atribuïa aquets criteris a Plató, no se si realment això va sortir de boca de Plató però em semblam uns criteris que tothom hauría de seguir abans de parlar d'algú no present. Es tracta de tres qüestions:
¿Segur que és veritat això que sento?
¿Es tracta d'alguna cosa bona?
¿M'és a mi d'utilitat?
Penso que si passesim aquest control a tot el que sentim, sortiríem tots guanyant.
El fet sobre el que aquest fet m'ha fet reflexionar, és qué porta a una persona a caure en supersticions. Començant pel cas bíblic de Saul esmentat en el text, Saul esta neguitós, no sap que fer devant l'atac enemic i no sent cap ajut diví. Aquí apareixen dos factors, primer una situació crítica i segón un "silenci de Déu"
El primer aspecte es força clar, hi ha vegades que l'entorn ens supera i no sabem que fer devant d'una situació. És aplicable això al cas de Saul devant l'atac com en qualsevol punt de les nostres vides en que ens trobem en una situació difícil.La reacció d'una persona crédula seria caure en jocs de superstició endevins o visionaris. Caure en aquest joc em sembla la opció més débil, primer de tot hauría d'acceptar que hi ha un resultat o destí establert i que finalment acabarà passant allò que m'han dit. Això anul·laría la llibertat individual ja que ¿quin marge de maniobra té un home que per molt que faci, terminarà guanyant o perdent la guerra? Penso que es una pèrdua de temps i que no es pot predir el qué succeirà, i molt menys amb els métodes d'adivinació utilitzats pels endevins, cartes, astres ...
Tant un ateu com un catòlic es comportaràn de la mateixa manera, buscant una solució per sí mateixos. Evidentment, recolçant-se en companys o amics o gent experimentada. L'ateu evidenment perquè no té altra alternativa, i el católic, ja ho diu el mateix text: "Haz las cosas como si sólo dependiesen de ti". La diferència vindrà després,l'ateu continuarà ell sol, i el catòlic haurà tingut, o si més no, creurà que ha tingut ajut diví.
El segón aspecte és el silenci de Déu, aquest fet només pot afectar a gent creient, car que no té sentit parlar de silenci de Déu a un ateu. Aquest text fa una divisió molt clara entre creients i créduls, cosa que no m'ho sembla tant. Saul és un exemple, tant la seva feblesa com el no rebre noticies divines el fan caure en unes segones divinitats.
En contraposició al que diu el text, em sembla que hi ha més conexió entre els creients i els créduls que entre aquests últims i els ateus.
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