2.5 Buscando a Yoda. La dirección espiritual

“Que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas”

Ama y busca la ayuda de quien lleva tu alma. En la dirección espiritual, pon al descubierto tu corazón, del todo —¡podrido, si estuviese podrido!—, con sinceridad, con ganas de curarte; si no, esa podredumbre no desaparecerá nunca. Si acudes a una persona que sólo puede limpiar superficialmente la herida..., eres un cobarde, porque en el fondo vas a ocultar la verdad, en daño de ti mismo. (Forja, 128)


Me produce una pena muy grande enterarme de que un católico –un hijo de Dios que, por el Bautismo, está llamado a ser otro Cristo– tranquiliza su conciencia con una simple piedad formularia, con una religiosidad que le empuja a rezar de vez en cuando, ¡sólo si piensa que le conviene!; a asistir a la Santa Misa en los días de precepto –y ni siquiera todos–, mientras cuida puntualmente que su estómago se quede tranquilo, comiendo a horas fijas; a ceder en su fe, a cambiarla por un plato de lentejas, con tal de no renunciar a su posición... Y luego, con desfachatez o con escándalo, utiliza para subir la etiqueta de cristiano. ¡No! No nos conformemos con las etiquetas: os quiero cristianos de cuerpo entero, de una pieza; y, para conseguirlo, habréis de buscar sin componendas el oportuno alimento espiritual.

Por experiencia personal os consta –y me lo habéis oído repetir con frecuencia, para prevenir desánimos– que la vida interior consiste en comenzar y recomenzar cada día; y advertís en vuestro corazón, como yo en el mío, que necesitamos luchar con continuidad. Habréis observado en vuestro examen –a mí me sucede otro tanto: perdonad que haga estas referencias a mi persona, pero, mientras os hablo, estoy dando vueltas con el Señor a las necesidades de mi alma–, que sufrís repetidamente pequeños reveses, y a veces se os antoja que son descomunales, porque revelan una evidente falta de amor, de entrega, de espíritu de sacrificio, de delicadeza. Fomentad las ansias de reparación, con una contrición sincera, pero no me perdáis la paz.

(...) Os insisto en que os dejéis ayudar, guiar, por un director de almas, al que confiéis todas vuestras ilusiones santas y los problemas cotidianos que afecten a la vida interior, los descalabros que sufráis y las victorias. (Amigos de Dios, nn. 13-15)

1 comentario:

Alberto C. dijo...

Para tratar este tema es más que necesario tener claro que es la dirección espiritual. De igual forma que no se podría levantar una casa para vivir en la tierra sin un arquitecto, tampoco se podría levantar un palacio para vivir eternamente en el cielo sin un Director espiritual. Es ese sentido, el Director es como un arquitecto. Él es quién nos transmite, mediante el Espíritu Santo, la voluntad de Dios. Él nos ayuda semana a semana, día a día, a estructurar bien nuestra vida, empezando por los cimientos.

La función de Director espiritual la desempeña cualquier persona que esté dispuesta a hablar contigo en los centros, en el colegio, etc… y también hace de Director el sacerdote en la confesión.

Necesitamos la dirección espiritual no solo para mejorar en nuestro trato con Dios mediante los consejos que nos dan, sino también entregándonos obedeciendo. Esta entrega simboliza una total confianza no solo en nuestro Director sino también en el Espíritu Santo. Por ese motivo es algo necesario. La dirección espiritual es doblemente importante porque a parte de los consejos de un hombre, lo que la hace verdaderamente útil es la gracia especial que el Espíritu Santo da a ese hombre.

“Eso de sujetarse a un plan de vida, a un horario –me dijiste-, ¡es tan monótono! Y te contesté: hay monotonía porque falta amor.” Punto 77 de Camino.
Cuando el plan de vida propuesto por el Director resulta monótono, lo que falta es amor. De repente esa monotonía se convierte en entrega y obediencia, que santifica tu vida aún más. Además el plan de vida te hace tener cierto orden en tu vida, cosa que te hace crecer tanto como persona como hijo de Dios.

Por eso, aunque no seas cristiano, y aunque no sigas ninguna religión (excepto la del dinero o la de uno mismo), la dirección espiritual es necesaria para crecer. Así pues, aquel que diga que la dirección es inútil porque no cree que se pueda dar una gracia especial o directamente porque no cree en la gracia o en Dios, está equivocado. Si no creces como hijo de Dios, al menos creces como persona humana.

En mi caso particular, un día me propuse dirigir a un amigo en un aspecto de su vida interior. Me sorprendió la capacidad de pensamiento y la lucidez con la que expresé unas ideas que pocas veces antes se me habían ocurrido. Recibí, a mi parecer, la gracia especial del Espíritu Santo. Mi amigo y yo seguimos hablando de esos temas semanalmente durante prácticamente 5 meses. Luego apareció el verano y no volvimos a hablar. Él mejoró en su trato con Dios y yo notaba esa gracia especial, similar a la que obtienes mediante un rato de oración. No se trata quizás de un argumento muy racional a favor de la Dirección Espiritual, pero a veces una vivencia personal o emocional también sirve para defender aquello que creemos cierto.

También hay quien cree que se puede llevar una vida cristiana recta sin la necesidad de la dirección espiritual. En ese caso, según mi parecer, quizás esté en lo cierto siempre y cuando se siga un plan de vida, es decir, un cierto orden en tu vida cristiana. Pero esa situación es bastante difícil. En mi caso, si mi Director no me fuese guiando o “exigiendo” un cierto plan de vida, me resultaría muy difícil por no decir imposible, tener ese orden tan necesario para nuestra vida de trato con Dios o para cualquier virtud.
“¿Virtud sin orden? -¡Rara virtud! Punto 79 de Camino.